La ciudad de Mineápolis, en Minnesota, es la más reciente urbe en Estados Unidos que prohíbe el uso y adquisición de tecnología de reconocimiento facial para departamentos del gobierno local y sus oficiales.

Mineápolis se sumó a otras como San Francisco y Oakland (California), Portland (Maine) y Portland (Oregon) que limitan total o parcialmente el uso de esta tecnología por considerarla como invasiva de la privacidad y discriminatoria contra personas no caucásicas, mujeres y personas no binarias.

“La tecnología de reconocimiento facial funciona muy bien si te ves como yo ─un hombre de mediana edad y blanco─ pero para todo el resto, puede fallar en tasas que no serían aceptables en ningún lado. Para nosotros es inaceptable poner a las personas de nuestra ciudad ─particularmente mujeres de color─ en un nivel tan alto de riesgo”, aseguró Steve Fletcher, uno de los miembros del Consejo de la ciudad.

La ordenanza local prohíbe también el uso de datos obtenidos mediante el uso de esta tecnología salvo limitadas excepciones, por lo que obliga a transparentar las razones para su uso, qué datos se recolectan y por qué, a partir de un proceso de excepción.

Asimismo, se creó una nueva estructura de gobierno para rastrear y reportar las violaciones a la ordenanza. Otras ciudades, como Portland, en Maine, han establecido compensaciones civiles por un mínimo de mil dólares si se viola la prohibición, además de penas administrativas para personas empleadas de la ciudad que la utilicen.

A raíz de las masivas protestas en contra del racismo en EE.UU., a mediados de 2020, el uso del reconocimiento facial se ha puesto en el centro del debate público. Mientras que existen avances en ciudades del país para prohibirlo, desgraciadamente, la misma tecnología fue también utilizada para arrestar a manifestantes que participaron en estas protestas.

En general, a nivel mundial ha habido un incremento en la adopción y uso de esta tecnología, en algunos casos acelerada por la pandemia de COVID-19 en 2020, invadiendo espacios públicos y la vida privada de millones de personas.


Imagen de Lord Jim (CC BY 2.0)