Una de las teorías de conspiración más difundidas durante la pandemia de Covid-19 ha sido la que responsabiliza a las redes 5G de la propagación del coronavirus. Aunque la desinformación sobre este tecnología no es nueva, la entrevista a un médico belga, publicada en enero de 2020, sirvió como punta de lanza para encender la mecha.

La campaña de difamación contra las redes 5G tiene un trasfondo político, centrado en la batalla que existe entre Estados Unidos y China por su implementación. La empresa china Huawei ha sido una de las principales impulsoras de esta tecnología, lo que llevó a la administración de Donald Trump a vetar a la compañía. Para su gobierno, el 5G es “una carrera que Estados Unidos debe ganar”.

Al respecto, Peter Bloom, coordinador general de Rhizomatica, indica en un artículo que una de las razones del rechazo reciente al 5G es la idea de que representa riesgos para la salud humana, ya que las antenas y estaciones base de la red estarían físicamente más próximas a las personas respecto a tecnologías inalámbricas previas.

Bloom señala que la discusión actual sobre los efectos de la radiación del 5G en la salud aún no ofrece pruebas contundentes, pero que estas preocupaciones –propias de países desarrollados, como los del norte de Europa– ocultan problemáticas más tangibles que impactan al Sur global, como la destrucción del medio ambiente para extraer las materias primas; la explotación de las personas involucradas en estos procesos de extracción y la generación de desechos electrónicos generados por el cambio de tecnología.

El autor también indica que la mayor resistencia proviene del Norte global, más preocupado por los efectos “fantasmales” del 5G que por sus impactos en aquellos países que “proporcionan los minerales y la mano de obra barata” que hacen posible esta tecnología, o por cómo contribuirá a la crisis climática, ya que requiere dos o tres veces más que las redes anteriores.

Mientras tanto, la desinformación sigue creando resistencia sobre el 5G –al grado de llegar a la destrucción de torres en países como Reino Unido–, pero por las razones erróneas. Esta oposición, menciona Bloom, “merece ser críticamente yuxtapuesta con la ausencia de consciencia y acción ante los verdaderos peligros materiales presentados por el 5G y sus predecesores”.


Imagen de Fabian Horst (CC BY-SA 4.0)