A pesar de que la recientemente aprobada reforma a la Directiva Europea de Derechos de Autor se creó específicamente para los países de la Unión Europea, es innegable que contiene mecanismos que promueven la censura y podrían afectar a Internet a nivel global, explica Cory Doctorow, en un artículo en el sitio Boing Boing.

¿Cuáles son las implicaciones para el resto del mundo? En primer lugar, el artículo 13 de esta directiva obliga a prácticamente todas las plataformas de contenido en línea (excepto las más pequeñas) a instalar sistemas automatizados para filtrar el contenido que suben los usuarios para detectar –cotejando con una gigantesca base de datos– y bloquear aquellos bajo derecho de autor.

Está probada la ineficiencia de los sistemas automatizados de filtrado, como es el caso del famoso Content ID de YouTube, el cual es poco amigable con los usuarios y no distingue correctamente el contenido de dominio público de aquel bajo derecho de autor. Además, como explica el autor, la directiva no contempla sanciones para evitar casos en los que falsamente se agregue a la base de datos contenido de dominio público o del cual no se tienen derechos.

Sin embargo, sí están consideradas duras sanciones para aquellas plataformas que permitan que algún contenido bajo derecho de autor se cuele entre las grietas de sus sistemas de filtrado.

Actualmente, las plataformas no cuentan con servicios exclusivos “para Europa” y “para no Europa”, sino que los usuarios mezclan libremente contenido desde y fuera de la Unión Europea, comentando, publicando e interactuando entre sí. De esta forma, es probable que, ante las dificultades técnicas de mostrar imágenes, videos, enlaces o texto a millones de personas, pero ocultarlo para otras tantas, –y sumada la posibilidad de ser fuertemente castigadas si cometen un error–, las plataformas prefieran bloquear el contenido para todo el mundo.

“El resultado será o la balcanización de Internet, en donde los servicios alojen versiones especiales de sus conversaciones para el consumo europeo (como el motor de búsquedas censurado que Google quiere vender a China), o un Internet en carrera hacia el abismo, como está definido por los extremistas del derecho de autor europeos”, señala Doctorow.


Imagen original de NASA/JPL-Caltech