Las revelaciones sobre las operaciones de la firma Cambridge Analytica se ciernen sobre México. En 2014, la empresa utilizó la información de 50 millones de personas en Facebook sin el consentimiento de los usuarios, lo que le permitió desarrollar una metodología para inferir los perfiles psicológicos de las personas y, de este modo, generar contenidos casi individualizados que alimenten sus creencias y valores.

Para conseguir esto, Cambridge Analytica empleó la información obtenida por una aplicación del académico Aleksandr Kogan, profesor de la Universidad de Cambridge. A cambio de uno o dos dólares, más de 265 mil individuos descargaron la app, concediéndole acceso a sus datos en ese entonces Facebook permitía a este tipo de aplicaciones extraer no solo la información de los usuarios del programa, sino de toda su red de contactos, sin que estas personas supieran que sus datos estaban siendo utilizados con otros propósitos.

De este modo, el amplio volumen de datos recopilados incluía acceso a la biografía, actividad en línea, ubicación, intereses, etiquetas, fotos, estado civil, fecha de nacimiento, religión, afiliación política, entre otros. Cambridge Analytica empleó toda esta información no solamente para la generación de publicidad personalizada, sino para diseñar propaganda falsa que, posteriormente, diseminó a través de redes sociales.

La obtención de estos datos es una consecuencia del modelo de negocios de Facebook, como menciona Zeynep Tufekci en un artículo de opinión en The New York Times, ya que la red social “genera dinero, en otras palabras, al hacer perfiles de nosotros y después vender nuestra atención a los anunciantes, actores políticos y otros. Ellos son los verdaderos clientes de Facebook, por quienes trabaja duro para complacer”. Así mismo, Motherboard destacó que la recolección masiva de datos no es una brecha de seguridad o una filtración, sino que “esto era una característica [de Facebook], no un error”, ya que la red social recolecta cantidades masivas de datos, genera perfiles sobre sus usuarios y comercializa la posibilidad de explotar ese conocimiento mediante el análisis de esa información.

Un reportaje encubierto del canal británico Channel 4 mostró a un alto funcionario de Cambridge Analytica reconociendo que la empresa había trabajado en México recolectando y analizando datos para influir en las próximas elecciones. Una de las primeras acusaciones sobre la injerencia de la firma en las campañas mexicanas provino del periodista Rafael Cabrera en Buzzfeed News México, quien reveló en octubre de 2017 que Arielle Dale Karro, jefa de operaciones de Cambridge Analytica, ofrecía empleo para personas que quisieran llevar campañas en los estados de Tabasco, Morelos, Guanajuato, Chiapas, Yucatán, Veracruz, Quintana Roo, Puebla y Ciudad de México.

Buzzfeed también resaltó el convenio en México entre Cambridge Analytica y Pig.gi, una aplicación telefónica que ofrece conectividad a cambio de que el usuario conteste encuestas, vea vídeos o reciba anuncios. Así mismo, indicó que Cambridge Analytica no se encontraba dada de alta en el Registro Nacional de Proveedores del Instituto Nacional Electoral, un requisito para cualquier empresa que proporcione servicios a un partido político.

Poco se conoce sobre el actual involucramiento de la firma en las campañas políticas en México. La dirección de su oficina, ubicada en la Ciudad de México, desapareció del sitio web de la empresa en febrero de 2018. “No sabemos con certeza quiénes son los candidatos que están contratando sus servicios, y los de otras similares, pero sabemos que lo están haciendo, que le están apostando a la recolección y la explotación masiva de datos para generar perfiles psicográficos de los votantes y, a partir de ello, manipularlos”, señalaron Luis Fernando García y Danya Centeno, abogados de R3D: Red en Defensa de los Derechos Digitales, en un artículo publicado en Letras Libres. “[No] sabemos si los datos obtenidos se utilizarán, por ejemplo, en campañas de desinformación. Estamos investigándolo; quizá no contaremos con un diagnóstico antes de la elección, pero es probable que tengamos una autopsia después de julio”.

El riesgo está, tal como indicó Christopher Wylie –el exempleado de Cambridge Analytica que develó el modus operandi de la empresa– en que los contenidos falsos son dirigidos a audiencias proclives a creerlos, lo que genera desconfianza en las instituciones, como los medios: “Si empiezas a deformar la percepción de los votantes sin su consentimiento o conocimiento, esa es una violación básica de su autonomía para tomar decisiones libres, porque están votando en función de cosas que creen que son reales pero no necesariamente lo son”.


Imagen original de Thought Catalog: Cambridge Analytica