WhatsApp anunció un retraso de tres meses a los cambios recién anunciados en su política de privacidad, y que entrarían en efecto el 8 de febrero, tras un fuerte rechazo que sufrió la compañía y que llevó a otras aplicaciones de mensajería, como Telegram o Signal, a ganar millones de nuevas personas usuarias, informó The Verge.

Aunque la actualización no afecta a la información de las conversaciones que las personas tienen en la app, sí permite a Facebook utilizar los datos que obtiene de WhatsApp, como información de registro, números telefónicos, datos del dispositivo móvil, direcciones IP, entre otros, para mostrar anuncios personalizados en sus otras redes sociales.

Muchos de estos datos pueden ser vinculables con la identidad de los individuos, especialmente el número telefónico, razón por la cual es especialmente grave que la plataforma no permitiera a usuarios rechazar los nuevos términos y condiciones sin abandonarla, una política de tómalo o déjalo.

Este aspecto y la fecha en que la actualización entrará en vigor son los únicos cambios anunciados por la compañía, que aseguró nadie perderá acceso a la aplicación si no aceptaban los nuevo términos, pero no ha modificado su postura respecto al contenido de los cambios.

“WhatsApp protege la privacidad del contenido de tus mensajes, pero parece que la privacidad de todo lo demás está a disponibilidad”, explica Matthew Green, criptógrafo de la Universidad Johns Hopkins.

Durante la última semana, WhatsApp ha hecho un esfuerzo de comunicación para “detener el sangrado” provocado por su anuncio, aludiendo a que existe mucha “confusión” y “desinformación” provocando preocupación, sin entender los principios de respeto a la privacidad de la empresa.

Para quienes buscan migrar de plataforma la misión no es sencilla, debido a que la aplicación ha sido enormemente favorecida por promociones de zero rating que le permitieron crecer con las distintas empresas de telefonía móvil y construir su base de usuarios, reduciendo al mismo tiempo el margen para el cambio.


Imagen de Marina Stroganova (CC BY-NC 2.0)