Aunque algunos gobiernos y empresas de tecnología utilizan la premisa de que nuestros rostros revelan nuestras emociones, científicos alrededor del mundo han refutado la tesis de que las expresiones faciales son universales y no varían entre contextos y culturas.

Las expresiones faciales, en realidad son extremadamente difíciles de interpretar incluso para las personas, considera el académico Aleix Martínez de la Universidad Estatal de Ohio, quien considera que la tendencia hacia la automatización de los procesos de detección de emociones debería preocuparnos mucho, informó la revista científica Nature.

Apenas hace unos años, un importante panel de autores revisó la literatura existente sobre si es posible conocer las emociones de las personas a través de expresiones faciales. Tras leer más de mil artículos, dos años y medio después, el equipo alcanzó una conclusión: hay poca o nula evidencia de que se pueda inferir con confianza el estado emocional de otras personas a partir de un conjunto de movimientos faciales.

Una de las principales razones para esta falta de evidencia sobre expresiones universales es que nuestro rostro no es la única forma en que manifestamos nuestras emociones: movimientos corporales; personalidad; tono de voz y cambios en el tono de piel tienen un importante papel en cómo percibimos y mostramos nuestras emociones, de acuerdo con la revista.

Sin embargo, las empresas que desarrollan los algoritmos de reconocimiento de emociones no toman en cuenta esta complejidad. Un programa de inteligencia artificial es alimentado con millones de imágenes de caras y cientos de horas de video en los que cada emoción es etiquetada y a partir de los cuales puede discernir patrones.

Estos programas son utilizados en temas comerciales como la publicidad, para supuestamente saber la respuesta que tienen personas a ciertas campañas o productos, pero también para otra clase de procesos en los que un error puede ser crítico para el ejercicio de derechos humanos de las personas, como en entrevistas de trabajo, juicios o en las fronteras.

De este modo, las tecnologías de reconocimiento facial siguen basándose en conjeturas que tienen poco o nulo sustento científico, poniendo en riesgo con su implementación desmedida a las personas, en especial, a aquellas que pertenecen a grupos minoritarios y/o vulnerables.


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