El diario estadounidense The Washington Post publicó en un editorial su respaldo a la moratoria inmediata a la venta y exportación de tecnología de espionaje hasta no contar con un marco que regule su uso bajo estándares de derechos humanos que propuso el relator especial en libertad de expresión de la ONU, David Kaye, en junio de 2019.

De acuerdo con el diario, los gobiernos deberían obligar a que las empresas que venden estos productos certifiquen que sus clientes respetan los derechos humanos y que no abusarán de las herramientas después de ser adquiridos. También podría crearse un cuerpo de expertos independientes dedicado a revisar y certificar que las compañías cumplan con estas obligaciones.

“El mundo tiene un problema de proliferación de spyware. Las democracias que trabajan juntas para detener su flujo no detendrán países como China de exportar sistemas de vigilancia a déspotas alrededor del mundo, pero al menos le dirá a quienes les importan las libertades civiles que este abuso es una excepción y no una que deba ser tolerada o condonada”, se lee en el texto.

Anteriormente, como explica el Post, solo los países más ricos podían adquirir estas herramientas; sin embargo, actualmente cualquier gobierno puede comprar uno de más de 150 productos disponibles en un mercado y utilizarlos con cualquier fin, legítimo o ilegítimo.

Un ejemplo de esta tecnología es Pegasus de NSO Group. La empresa ha dicho en reiteradas ocasiones que solo vende tecnología a países con un récord aceptable de respeto a las libertades civiles y que ésta se vende para apoyar en investigaciones criminales; sin embargo, el malware ha sido utilizado para espiar a periodistas, disidentes y personas defensoras de derechos humanos en países como México y Arabia Saudita.

Incluso, el Post comienza su editorial apuntando al reciente escándalo entre el príncipe saudí Mohammed bin Salman y el fundador de Amazon, Jeff Bezos, en el que el empresario habría sido objetivo de una operación para robar información de su teléfono con un código malicioso inyectado por WhatsApp, aunque aún no existe una forma certera de comprobarlo.

En un artículo publicado en noviembre en el diario The Guardian, David Kaye alertó que la industria global de desarrollo de tecnología de vigilancia está fuera de su control, actuando fuera de cualquier límite y dotando a gobiernos de un acceso relativamente barato a herramientas para espiar.


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