Las cámaras corporales, usadas por miles de policías en Estados Unidos, no están abonando a la promesa de transparencia y rendición de cuentas, opina Albert Fox Cahn, director ejecutivo del Proyecto de Supervisión de la Tecnología de Vigilancia en el Centro Urbano de Justicia, en una columna para The New York Times.

Una de las principales razones que motivó la adopción masiva de estos dispositivos fue el uso arbitrario de la fuerza por parte de los agentes. Sin embargo, para Cahn, estas cámaras están sirviendo para reforzar las narrativas policiales y su uso a gran escala ha creado una serie de efectos negativos en los derechos humanos que apenas se están descubriendo y estudiando.

El problema comienza con la laxitud de los departamentos de policía, que permiten la discrecionalidad al momento de decidir qué grabar y en qué momento. Además, cuando las cámaras registran acciones de abuso perpetradas por los oficiales, puede llegar a ser muy complicado para los ciudadanos acceder a estas grabaciones.

Al respecto, Cahn cita el caso del Departamento de Policía de Nueva York, que se negó a liberar las grabaciones solicitadas por la Comisión de Revisión de Quejas Civiles en 40 por ciento de las ocasiones. No obstante, cuando las grabaciones eran favorables para la policía, estas eran liberadas o filtradas en cuestión de horas.

De igual manera, los riesgos de las cámaras corporales se amplifican con la implementación de las tecnologías de reconocimiento facial, convirtiendo una simple caminata en una búsqueda sin orden judicial que revela los lugares que las personas frecuentan o con quiénes se reúnen. Así mismo, un policía con una cámara corporal, situado afuera de una clínica para abortos o cerca de una protesta, podría tener efectos inhibidores para el ejercicio de ciertos derechos.

La adopción de este tipo de tecnologías está ocurriendo de forma incipiente en México. En 2018, la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México dotó a los oficiales de 3 mil 178 cámaras para portar en su uniforme. Estos dispositivos se encienden al accionar una palanca; la grabación –que puede durar dos o tres días– no puede verse en vivo, sino que es extraída al finalizar el turno del agente.

Otras ciudades del país que implementaron esta medida recientemente son Tijuana (Baja California), que entregó 212 cámaras corporales a elementos de tránsito y policía turística; León (Guanajuato), que proporcionó 46 dispositivos; y Monterrey (Nuevo León), que capacitó a 80 agentes en la primera etapa del proyecto.


Imagen de Ryan Johnson (CC BY-SA 2.0)