El 10 de julio de 2016, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), en conjunto con Pantallas Amigas, Google México, el Canal del Congreso, el Infodf, el DIF Nacional, la Red por los Derechos de la Infancia en México, y la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, presentó la campaña “Pensar antes de sextear: 10 razones para no realizar sexting”. A pesar de la aparente buena intención de la campaña, la iniciativa refleja una visión profundamente paternalista sobre el ejercicio libre de la sexualidad y plantea una estrategia errónea. Por ese motivo, presentamos cinco razones que deben considerarse antes de prohibir el sexting:

1. Sextear es parte del ejercicio de nuestros derechos

El sexting se refiere a la realización de fotografías y/o vídeos de contenido erótico o sexual y su intercambio a través de teléfonos móviles de manera consensuada y libre entre las personas involucradas. Como tal, es una práctica que forma parte del ejercicio libre de los derechos sexuales, además de ser parte de la autonomía de una persona respecto a su vida privada. Al estigmatizar el sexting de manera general, la campaña limita el desarrollo de la persona, impidiéndole disfrutar de su vida sexual a través de la tecnología.

2. La difusión de imágenes sexuales sin consentimiento es el problema, no sextear

No se debe confundir o equiparar el sexting con otras conductas como la pornografía infantil. El sexting es un intercambio que se da dentro de una esfera íntima. Cuando una de las personas viola este acuerdo, se produce el problema. Delitos como la extorsión sexual son consecuencia de la difusión sin consentimiento de estas imágenes o vídeos. Al obviar esta situación, se asigna una responsabilidad errónea hacia quien genera la imagen, y no a quienes las distribuyen por venganza o represalia.

3. El sexting es señalado como un problema moral

Existe un discurso tácito en la campaña que apela a la moralidad para disuadir el sexting, relacionándolo con otras conductas como el consumo de drogas y/o alcohol, el engaño, la traición, etcétera. Frases como “si alguien te quiere bien, ¿crees que puede pedirte que hagas sexting?” reflejan una visión reducida de la sexualidad y su libre ejercicio. La campaña responsabiliza en última instancia a la víctima, como quien lo hace con las mujeres que han sufrido alguna violación por “provocar” al violador, lo que perpetúa un discurso machista que debería erradicarse.

4. El discurso prohibicionista es una mala estrategia y perpetúa roles de género

La estigmatización del sexting es similar a la promoción del abstencionismo sexual: invita a anular una práctica en lugar de protegerla. La campaña perpetúa roles y estereotipos sobre las mujeres, quienes son retratadas como responsables de la violencia sexual que se ejerce contra ellas. La estrategia es errónea porque minimiza la capacidad de las personas para protegerse ante el riesgo de la difusión de imágenes sin consentimiento, tratándolas con condescendencia.

5. ¿Por qué no mejor promover un sexting seguro en lugar de estigmatizarlo?

Frente a estas problemáticas, debe avanzarse en el sentido contrario: generar información sobre cómo ejercer la sexualidad en línea de manera libre, autónoma y segura. Ejemplos como la campaña Safer Nudes de la organización Coding Rights muestra que existen alternativas técnicas como el anonimato, el cifrado, la autodestrucción o la remoción de metadatos, que permiten la autodeterminación en la gestión de imágenes sensibles como mecanismo de seguridad y privacidad.

La campaña contra el sexting no solo es equivocada, sino que puede resultar contraproducente. Una campaña efectiva debe fortalecer la autonomía de las personas a través de la generación de información, no disuadir el ejercicio de una sexualidad libre bajo estereotipos de género. Estigmatizar al sexting, por el contrario, contribuye a mantener una cultura machista y, lejos de abonar al combate a la difusión de imágenes sexuales sin consentimiento, carga la responsabilidad del lado equivocado.