Una investigación, que utiliza algoritmos para supuestamente evaluar la confiabilidad de una persona según sus expresiones faciales, ha sido duramente criticada por servir como una apología de prácticas pseudocientíficas descartadas como la frenología, informa Motherboard.

Tres investigadores en psicología evolutiva alimentaron el algoritmo con expresiones faciales extraídas de retratos artísticos ─principalmente europeos─ realizados a partir de los años 1500, junto con selfies tomadas en años recientes. La idea era poder “ligar rasgos morfológicos faciales con resultados sociales importantes”.

La principal crítica al estudio, publicado por la revista Nature, se refiere al uso de inteligencia artificial para “generar automáticamente evaluaciones sobre la confianza a partir de las acciones de la unidad facial (sonrisa, ojo, ceja, etcétera)”. La investigación fue repudiada por sus cuestionables metodologías, análisis superficiales y sesgos racistas.

El algoritmo utilizó una muestra de piezas artísticas obtenidas de la Galería Nacional de Retrato de EE.UU. y a la Galería en Línea de Arte. Sin embargo, ninguna de las personas autoras es historiadora del arte, por lo que el entrenamiento del algoritmo no consideró las intenciones del artista, los contextos de producción o los cambios en los estilos artísticos; además de ignorar que las colecciones tienen sesgos de curación.

Este tipo de investigaciones, lejos de aportar sustentos científicos, terminan por ser utilizadas para justificar prácticas que carecen de respaldo o que se basan en creencias, como el reconocimiento de emociones a partir de rasgos faciales. Dado que los algoritmos detectan los rasgos y movimientos del rostro como elementos aislados, son incapaces de inferir las emociones humanas o predecir las conductas de una persona.

Las críticas al uso de reconocimiento facial con estos fines lo asocian con ideas obsoletas como la frenología, una disciplina pseudocientífica del siglo XIX que afirmaba que era posible determinar rasgos de la personalidad (en especial, tendencias criminales) a partir de la forma del cráneo y los rasgos faciales.


Imagen de Wellcome Collection gallery (CC BY 4.0)