Activista prodemocracia, primera víctima identificada de la vigilancia de la NSA

Ago 22, 2016 | Privacidad

La primera víctima públicamente conocida de la operación de vigilancia masiva conducida por la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA) ha salido a la luz: Tony Fullman, un antiguo servidor público de Nueva Zelanda y activista prodemocracia.

El activista es el principal objetivo señalado en un documento, que obtuvo The Intercept gracias a Edward Snowden, con más de 190 páginas con información sobre comunicaciones interceptadas por la NSA entre mayo y agosto de 2012, las cuales demuestran que tanto él como otros activistas prodemocracia fueron víctimas del sistema de vigilancia de Internet PRISM.

Las acciones realizadas en su contra por el gobierno neozelandés, incluyendo allanamientos e investigaciones sobre actividades terroristas, afectan hasta el día de hoy a Fullman, quien quedó marcado de por vida por reportes periodísticos que lo ligan con un inexistente plan de magnicidio en Fiyi y al ser fichado por agencias de seguridad. Todo esto, sin haber cometido un solo crimen.

Fullman nació en Fiyi en 1965 y emigró a Nueva Zelanda a los 21 años. Tras naturalizarse, ocupó distintos cargos en el gobierno, especialmente en el ministerio de hacienda, y regresó a su país de origen en 2009 debido a un ofrecimiento para encargarse del sistema de Aguas.

Pero a su retorno encontró un país envuelto en una difícil y tensa situación política, producto de tres golpes de Estado entre 1987 y 2006. Uno de sus amigos cercanos, Kamisese Mara, un activista que había expresado su desacuerdo con el régimen autoritario de Frank Bainimarama –quien actualmente ocupa el cargo de primer ministro del archipiélago– fue perseguido al punto de huir del país en 2009.

Fullman fue interrogado por su relación con Mara y, temeroso de ser encarcelado bajo cargos de disidencia, huyó a Australia.

En 2012, el activista vivía en Sydney en una comunidad de fiyianos, los cuales eran parte de la organización Movimiento de Fiyi por la Libertad y la Democracia, en contra del régimen de Bainimarama. A principios de julio, Fullman y Mara viajaron a Auckland, Nueva Zelanda, para encontrarse con un grupo de simpatizantes, pero poco sabía Fullman que Esta reunión había llamado la atención del gobierno neozelandés.

De acuerdo con los documentos en poder de The Intercept, espías de Nueva Zelanda pidieron entonces ayuda a los Estados Unidos para obtener los correos electrónicos y registros de las conversaciones en Facebook de Fullman y Mara.

Para esto la NSA utilizó su infame sistema de espionaje electrónico, PRISM. La agencia estadounidense encubrió sus actividades tachando la mayoría de los mensajes obtenidos como objetivos de un “gobierno extranjero”, aunque sus registros bancarios y las fotografías de Facebook se clasificaron como actividad “contraterrorismo”. Toda esta información fue facilitada por la agencia estadounidense a sus similares oceánicos, bajo la clave US-984XN.

Durante el transcurso de esta operación, la casa de Fullman en Australia fue objetivo de un operativo policíaco, en el que fueron incautadas computadoras, teléfonos y archivos, su antiguo domicilio en la capital de Nueva Zelanda, Wellington, y las de otros tres colaboradores de la organización también fueron allanadas. Finalmente, el Ministerio del Exterior le revocó su pasaporte.

“La mayoría de [la] información es clasificada, pero en resumen tengo buenas razones para creer que… usted está involucrado en la planeación de un violento acto dirigido a forzar un cambio de Gobierno en un Estado extranjero y que usted pretende participar o facilitar un acto de terrorismo en ultramar”, se podía leer en la notificación que recibió Fullman sobre la cancelación de su pasaporte.

La vigilancia de la NSA no resultó en evidencia que apoyara las acusaciones de terrorismo, pero sí fue de un alto grado de intrusión: estados de cuenta bancarios, en los que se incluyen visitas a una cafetería, una farmacia y una zapatería; la planeación de unas vacaciones en la isla de Tonga, correos sobre fiestas de cumpleaños; comunicaciones sobre el grupo prodemocracia de Fiyi; incluso, discusiones sobre la salud de una madre y un problema confidencial de salud sobre un pariente.

Un año después de los sucesos, el Ministerio del Exterior neozelandés retiró la cancelación del pasaporte ya que “no era más una preocupación para la seguridad nacional”. Al igual que con Fullman, otros ciudadanos también fueron afectados por los operativos conducidos por las autoridades neozelandesas y, en esos casos, también se concluyó que no existían justificaciones para los operativos.

El caso del activista es identificado como la primera de 88 personas que fueron espiadas por el Estado entre 2003 y 2012, de acuerdo con un informe publicado por el gobierno de Nueva Zelanda en 2013, por lo que desconoce la verdadera magnitud de la operación conducida por la NSA.


Imagen original de jeffschuler: uncle sam wants your privacy

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